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Los ángeles están aquí (2ª parte)

Enlace permanente 16 de Octubre, 2007, 7:29

En esta segunda entrega sobre los seres angélicos conoceremos en profunidad a otros ángeles de radical importancia en todas las religiones: los 10 Primeros Celestiales. Además, informaremos sobre cómo establecer comunicación con los ángeles, y esclareceremos los conceptos sobre la magia angélica, aceptada primero y luego condenada como herejía por la Iglesia Católica.

Por: Alejandra Bluth Solari

Continuando con la clasificación y jerarquías de las huestes angélicas, por encima de los Arcángeles encontramos a los:

Angeles

Son un grupo de seres muy próximos a la humanidad, que se ocupan de los asuntos humanos manifestando la protección de Dios., se denominan simplemente Angeles. Dentro de la categoría de ángeles hay muchos diferentes, los que más conocemos son los ángeles guardianes o ángeles acompañantes quienes se ocupan de nuestra evolución espiritual. Conforme entramos a una época de mayor luz y amor en el planeta, estos ángeles ya no necesitan ser nuestros guardianes, sino nuestros guías y compañeros entrañables hacia una conciencia cada vez mayor.

Los diez primeros celestiales

Las religiones monoteístas de Occidente han utilizado a los ángeles para ayudar a distinguir a los buenos de los malos, los espíritus benévolos de los malévolos demonios. En las culturas politeístas, las tareas que los ángeles realizan para nosotros corren por cuenta de los mismos dioses. Las funciones se tornan difusas.

Entre las grandes religiones de Oriente y en casi todas las culturas chamánicas, por ejemplo, existe un gran grupo de seres a los que se invoca para atender los detalles de la vida cotidiana: las cosechas, el clima, la fertilidad y otros temas de importancia. Sin embargo, rara vez se los percibe como guardianes personales; estos seres se ocupan más de asuntos que de individuos. En la India, por ejemplo, los "pitarah" son deidades domésticas, algo así como espíritus guardianes que cuidan que el hogar esté protegido contra la enfermedad, el hambre, la sequía u otros desastres. Entre las tribus pueblas del sudoeste norteamericano, el "kachina" es un espíritu vital que guía y beneficia; tal como el "wajima" es, para el aborigen australiano, algo próximo a un espíritu antecesor.

Todos estos son seres angélicos de un modo u otro. El hecho mismo de que los ángeles puedan aparecer de maneras tan diferentes, en distintos lugares y tiempos, emergiendo en culturas con frecuencia totalmente disímiles, sugiere que son una especie dotada de paciencia, perseverancia y un afinado sentido del absurdo.

En el caso de los ángeles más conocidos de Occidente (los que conforman el grupo de los Diez Primeros) se nota su presencia influyente a lo largo de los siglos afectando el proceso humano de manera que, invariablemente, nos cambia. Es fascinante ver que a veces un mismo ángel, por ejemplo Samäel, ha sido considerado como fuerza del bien en una época y como demonio en la siguiente. Pero en general el tono de las relaciones angélicas ha sido de buen humor, exploración mística, elevada aventura y un nivel maravilloso, casi sobrecogedor, de amor incondicional. Veamos ahora a nuestra selección de ángeles más conocidos en el mundo occidental.

Entre los 10 Primeros Celestiales se encuentran Rafael, Miguel, Uriel y Gabriel que, en su calidad de arcángeles, ya fueron mencionados en la primera parte de este artículo.

Los otros seis son:

Metatrón: según los místicos judíos, llegó a detentar el rango más alto de los ángeles, pese a no estar mencionado en las Escrituras. Su nombre significaría "el que ocupa el trono vecino al trono divino"; aunque también podría derivarse del latín metator, que quiere decir encargado de guiar o medir.

Varias fuentes tradicionales aseguran que Metatrón ha sido el profeta Enoch, quien fue llevado al cielo y transformado en un ángel de fuego con treinta y seis pares de alas, para continuar los días como escriba celeste. Ha sido identificado también como el ángel liberador y el que luchó con Jacob, el que detuvo la mano de Abraham cuando iba a sacrificar a su hijo Isaac, y el que guió a los hebreos durante los cuarenta años en el páramo.

En ciertas escuelas de misticismo se lo considera el más alto de los seres celestes, y llegó a recibir el nombre de YHWH menor (en hebreo, las letras YHWH representan el nombre más sagrado e impronunciable de Dios).

Moroni: es el ángel de los Santos de los Ultimos Días. Aunque parezca haber falta de ángeles americanos indígenas, en 1823 Moroni se presentó a Joseph Smith, en el estado de New York, y le hizo descubrir unas tablas de oro sepultadas cubiertas de densas inscripciones. Traducidas por Smith, nuevamente con la ayuda de Moroni, este texto se convirtió en El Libro del Mormón. En él se nos dice que, alrededor de 600 a.C., antes de la destrucción de Jerusalem, una familia judía huyó de la ciudad y llegó por barco a lo que hoy es América del Norte. Sus descendientes se transformaron en dos naciones: una, los antepasados de los nativos norteamericanos; la otra, perdida y desaparecida. Sin embargo, los registros llevados por uno de los últimos sabios de este pueblo desaparecido, nos dicen que Jesús se presentó a ellos después de su muerte en la cruz.

El nombre del anciano era Mormón, y fue su hijo Moroni quien sepultó las tablas con los registros de su padre alrededor del año 400 de la Era Cristiana. Según el relato, Moroni se une así a las filas de Enoch y Elías, transformados en ángeles, y sigue la tradición de Gabriel al ser el donante angélico de un libro de revelaciones. Hay una estatua de 12 metros de altura que representa a Moroni; le levanta en la cumbre de una colina cerca de Palmyra, New York, donde Smith descubrió las tablas enterradas. Muestra al ángel tal como se presentó, sin alas y vestido con una larga túnica. Smith, que fundó la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, describía a Moroni como "un ser de luz con un rostro como el rayo".

Melquisedec: el Sabio de Salem, es otro de los pocos casos conocidos en que un ángel elevado tomó un cuerpo humano, muy masculino. Según el Libro de Urantía, apareció unos 2000 años antes de Cristo completamente formado, anunciando que era un servidor de El Elyon, el Más Alto. Luego instaló un centro de enseñanza que dirigió personalmente durante noventa y cuatro años.

Fue Melquisedec quien entregó a Abraham la Alianza de Dios e introdujo el revolucionario concepto de la salvación por la fe pura en el pensamiento del planeta. Estableció un amplísimo programa misionero con centro en Salem, el antiguo emplazamiento de Jerusalem, desde donde enviaba a miles de misioneros que, literalmente, dieron la vuelta al globo.

Se cree que Melquisedec, llamado Sydik en la mitología fenicia, fue el padre de los siete Elohim, más ángeles de la Divina presencia. En el siglo III de la era Cristiana, un grupo de "herejes" que se hacían llamar melquisedecianos aseguraban estar en contacto con "un gran poder llamado Melquisedec, quien era más grande que Cristo". Su venida aquí, como sabio de Salem, parece haber sido un esfuerzo concertado de los celestiales para traer una luz muy necesaria a una época caótica y oscura, y para sembrar la simiente para el advenimiento de Cristo.

Ariel: su nombre significa "león de Dios", y existe cierta confusión en cuanto al bando en que realmente está. Figura entre los siete príncipes que gobiernan las aguas y también es conocido como el Gran Señor de la Tierra; sin embargo, para el poeta John Milton, Ariel es un ángel rebelde, vencido por el serafín Abdiel en el primer día de la guerra celeste. Los místicos judíos utilizaron Ariel como nombre poético de Jerusalem en la tradición gnóstica, ese crisol de revelaciones de los dos primeros siglos de la era Cristiana. Ariel es el ángel que controla a los demonios y también se le ha asociado con el orden de ángeles llamados tronos; se sabe que ha asistido al arcángel Rafael en la cura de enfermedades.

John Dee, el mago, ocultista y astrólogo cortesano de la reina Isabel I, suponía que Ariel era una mezcla de Anael y Uriel, ¡lo cual lo instala entre los arcángeles superlumínicos!

Ariel hace una aparición en "La tempestad" de William Shakespeare, que bien pudo haber sido el motivo de que Percy Bysshe Shelley, el poeta del siglo XIX, gustara darse a sí mismo el apelativo de "ángel Ariel".

Israfel: cuyo nombre significa en la tradición árabe "El Ardiente", es a un tiempo el ángel de la resurrección y el canto. Según estos mismos relatos, Israfel allanó el camino a Gabriel sirviendo durante tres años de acompañante a Mahoma, a quien inició originalmente en el trabajo de ser profeta.

En una variante islámica del relato que hace el Génesis sobre la creación de Adán, Al{a envía a Israfel, Gabriel, Miguel y Asrael (el Ángel de la Muerte) en busca de siete puñados de polvo, necesarios para hacer al progenitor de la humanidad; según la leyenda, sólo Asrael regresó triunfante.

Edgar Allan Poe, el conocido escritor de poesía y obras de misterio, puso al pie de un poema una críptica referencia al "arcángel Israfel, las cuerdas de cuyo corazón son un laúd, y el que tiene la más dulce voz entre todas las criaturas de Dios". Otras descripciones lo presentan como un ángel de cuatro alas que, "teniendo a sus pies bajo la Séptima Tierra, su cabeza llega a las columnas del trono divino".

Raziel: su nombre significa "secreto de Dios" y se cree que es un "ángel de las regiones secretas y Jefe de los Misterios Supremos". Según la leyenda, Raziel es el autor de un gran libro "donde está anotado todo el conocimiento celestial y terrestre". Cuando el ángel dio su volumen a Adán, algunos ángeles envidiosos se lo robaron para arrojarlo al océano. Una vez recobrado por Rahab, el ángel demonio primordial de las profundidades, el libro pasó primero a Enoch, quien aparentemente lo presentó como propio, y luego a Noé, que de él aprendió a hacer su arca. Se cree que también Salomón poseía ese libro, el cual le proporcionó sus extraños conocimientos mágicos y dominio sobre los demonios.

El Zohar (obra principal del misticismo judío) asegura que, en el medio del libro de Raziel, hay una escritura secreta donde "se explican las mil quinientas claves (para el misterio del mundo) que no fueron reveladas siquiera a los ángeles". Otros místicos judíos informan que "todos los días el ángel Raziel, erguido sobre el Monte Horeb, proclama los secretos de los hombres a toda la humanidad".

Magia angélica

Cuando el pueblo judío estaba cautivo en Egipto, todo aquello que sabían de los ángeles sufrió influencias de los egipcios, persas y babilonios. Lo que para los hebreos eran ángeles, para los egipcios eran los dioses. Así, en el panteón Musulmán, la cita sobre Azrael y Djibril tiene su correspondencia con Rafael y Gabriel.

Los caldeos y otros pueblos de la antigüedad creían en dioses buenos y malos. La magia angélica tiene su origen en Babilonia, de donde pasó a Egipto y de allí lo tomaron los hebreos. Por último llegó a nosotros a través del cristianismo.

Fueron los Egipcios quienes comenzaron a utilizar nombres mágicos como parte de sus oraciones en los rituales de magia: quema de mirra, incienso, talismanes, mientras los hebreos tomaron elementos de los rituales egipcios y los enriquecieron con elementos de la cábala.
La magia hebrea sobrevivió dentro del imperio islámico a través del u folclore que rescató los ritos caldeos. No solo preservaron la magia angélica, sino que exportaron a otras regiones del mundo (que habían conquistado) todo el conocimiento angélico. Los escritos de magia angélica se extendieron por el norte de Africa y España. La primera traducción al latín de los textos mágicos árabes y arameos fue realizada entre el siglo X y XII por los judíos españoles en la escuela de Traductores de Toledo y los miembros del clero católico de España y Francia.

La difusión de la magia angélica en la tradición cristiana comenzó en el año 967 por un monje italiano llamado Gervasio. Su práctica se transformó en algo común en el clero católico, aunque no aceptado por la máxima jerarquía católica, hasta que a principios del siglo XIV fue considerada una práctica herética.

En 1314, el Papa Juan XXII promulgó una Bula condenando a ocho clérigos por utilizar las “negras herramientas de la nigromancia, la geomancia y otras artes similares y por poseer libros referidos a ellas. Por haber consagrado ciertos elementos como espejos, e imágenes de acuerdo a las ceremonias acusadas y porque colocándose en el centro de un círculo invocaron a entidades divinas.”

En 1326 promulgó otra Bula en la que amenazaba con la excomunión a todo aquel que practicara la magia angélica o la alquimia. La magia con ángeles quedaba así erradicada de la Iglesia.

La comunicación con los ángeles

Comunicarse con los ángeles es tan sencillo como sentarse a meditar en silencio, convocarlos y hablar con ellos, hacerles algunas preguntas y apuntar en un cuaderno las respuestas que te den. Lo mejor es relajarse y confíar en lo primero que se venga a la mente. Se trata de un acto de fe y confianza, donde lo único imprescindible es creer en su existencia y en su ayuda. Los ángeles no establecen contacto sólo con personas especiales o de un modo secreto, conversan con cualquiera, como la cosa más natural del mundo.

Se dice que conforme se aprende a confiar y a creer en ellos, y a desarrollar las capacidades perceptivas más sutiles, incluso es posible verlos y escucharlos nítidamente. Existen muchas maneras de hablar con los ángeles, y de hecho es el paso siguiente de la evolución de los ángeles que trabajan con nosotros. Por ende, el intercambio va y viene, como en cualquier buena relación. Todo es cuestión de desearlo, de solicitar el contacto, de estar abiertos a escuchar y seguir la intuición, perseverando en la intención, puesto que ellos desean comunicarse con nosotros tanto o más que nosotros mismos con ellos, de modo que sueñen llevar a la persona de la mano en cuanto manifiesta la más leve intención de entablar contacto.

Se dice que los ángeles siempre responden si existe un profundo deseo de saber, de escuchar y recibir, permaneciendo abierto, sin opinión y sin crítica, mientras los fragmentos de información se van agrupando. Se confía en lo que se presenta en el momento debido para el bien de todos.

La comunicación con los ángeles tiene un sentido profundamente espiritual, ya que ellos pueden guiar mediante sincronicidades, encadenando "casualmente" hechos significativos en la vida de las personas con elevados propósitos. Los ángeles dan señales, pistas e incluso consejo directo a través de canalizaciones o telepatía para conducir a quien los invoca en distintas encrucijadas vitales. Son los mejores psicólogos, pues nos ayudan a descubrir nuestras respectivas trabas y bloqueos; los mejores médicos, porque nos develan el verdadero origen de nuestras enfermedades y los mejores asesores, pues nos ayudan a modificar nuestro presente para elegir los más luminosos futuros. Entablar contacto con ellos es un potente catalizador en nuestro proceso evolutivo.

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