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17 de Noviembre, 2006

 

LAS TRES GRANDES CRISIS ARGENTINAS DESDE 1930

Enlace permanente 17 de Noviembre, 2006, 22:42

 

Las tres grandes crisis argentinas desde 1930

Por Aldo Ferrer

El 6 de septiembre de 1930 es una fecha fatídica en la historia argentina. Implicó el derrumbe del orden institucional construído, paso a paso, a partir de  la Organización Nacional, durante siete décadas. Fué, también, el punto de partida de un período,  de más de medio siglo, de inestabilidad política. Entre 1930 y 1976, se registraron seis golpes de estado y otros tantos regresos frustrados al orden constitucional.

Semejante escenario interno coincidió con un mundo que, en la misma época, registró la gran depresión de la década de 1930, la Segunda Guerra Mundial y el despliegue posterior de la globalización del  sistema internacional contemporáneo. Es comprensible, entonces,  que  la economía argentina estuviera sometida a convulsiones recurrentes, a una volatilidad extrema de la actividad económica y a desbordes inflacionarios que, en varias ocasiones, estallaron en la hiperinflación.

La economía argentina vivió en un estado casi permanente de crisis pero solo en tres ocasiones las mismas pueden calificarse de grandes crisis. Estas son mucho más que turbulencias coyunturales en la producción, el empleo, las finanzas y los pagos internacionales. Las grandes crisis son aquellas que, además de tales efectos, inauguran otro rumbo en el comportamiento de largo plazo de la economía nacional. Significan, por lo tanto, un cambio de época. En tal sentido, solo se registraron tres grandes crisis desde 1930 hasta la actualidad.

La primera gran crisis coincide con el golpe de estado de 1930 y, simultáneamente, con el colapso del sistema internacional vigente desde la segunda mitad del siglo XIX,  dentro del cual se había desplegado el modelo primario exportador en la Argentina. Vale decir, un orden económico fundado en la especialización en la producción de alimentos y materias primas originarios principalmente de la región pampeana, el endeudamiento externo del Estado y el predominio de la inversión extranjera en la infraestructura, los bancos y el comercio exterior.

Al derrumbarse el mercado mundial y la demanda de las exportaciones argentinas y sus precios, quedó definitivamente clausurado el desarrollo hacia fuera. El país quedó entonces confrontado con  la necesidad de recuperar la producción y el empleo, para lo cual, el mercado interno y la producción industrial resultaban indispensables.

Comenzó así el largo período de la llamada industrialización sustitutiva de importaciones, según la cual, la economía argentina comenzó a producir muchos de los bienes que antes importaba y, para lo cual, ya no disponía de poder de compra externo. La consecuente transformación de la estructura productiva se proyectó en el plano social con la urbanización, el surgimiento de camadas de emprendedores industriales y la emergencia de una fuerza de trabajo empleada en la industria y los servicios.

Fue en este nuevo escenario que surgió una nueva expresión política, el peronismo, que tiene, desde entonces, tanta gravitación en la política argentina.

La segunda gran crisis estalló en 1975/6. El Gobierno peronista de la época fue incapaz de controlar los conflictos desatados al interior de la sociedad argentina y la emergencia de la violencia, impulsada desde ambos extremos de la irracionalidad política.

El desorden simultáneo en la economía creó las condiciones para el golpe de estado de 1976,  la represión al margen de la ley y un nuevo rumbo de la política económica.

Esta estuvo destinada a demoler la estructura productiva y social desarrollada en el período anterior y subordinar toda la actividad económica a la especulación financiera.

Comenzó allí un largo periodo de destrucción de capacidad productiva, concentración de la propiedad y el ingreso, aumento del desempleo, la pobreza  y la desigualdad. La deuda externa creció sin cesar desde entonces hasta inmovilizar la política económica argentina y subordinarla a los criterios de los centros financieros internacionales.

Fue el largo período de la hegemonía neoliberal que culminó, en la década de 1990, con el régimen de convertibilidad y la extranjerización masiva de la infraestructura y las principales empresas privadas argentinas.

La recuperación de la democracia en 1983 no logró revertir el curso de los acontecimientos económicos y financieros desatados por el programa anunciado el 2 de abril de 1976, en el cual, el gobierno de facto anticipó los grandes rumbos de su política económica.

La tercer gran crisis fue la del 2001/02. Se derrumbó entonces el régimen de la convertibilidad y el uno a uno, el sistema bancario quedó paralizado por el corralito y el corralón mientras desaparecía el sistema monetario organizado y circulaban simultáneamente 17 monedas provinciales,  el tipo de cambio se disparó, la inflación amenazó con un una nueva hiper  y la producción y el empleo se desplomaron.

Las condiciones sociales alcanzaron un nivel de gravedad extrema reflejada en el desempleo, la pobreza, la indigencia y el aumento estrepitoso de la desigualdad. Poco después, la economía argentina cambió de rumbo en virtud de las nuevas circunstancias abiertas por el derrumbe del modelo neoliberal y el cambio de las políticas públicas.

Las nuevas reglas del juego favorables al trabajo y la producción argentinos, la conquista de la gobernabilidad del sistema a través del superavit simultáneo en el balance de pagos y el presupuesto, la recuperación de la política monetaria a través de la pesificación, tuvieron una notable respuesta de la oferta de bienes y servicios.

Durante mas de cuatro años la economía viene sosteniendo tasas de crecimiento del orden del 9% anual, el aumento de los precios se mantiene en torno del 10% anual, la inversión creció  casi el 20% anual y alcanza actualmente al 23% del PBI (producto bruto interno), disminuyó el desempleo y se aliviaron parcialmente las situaciones de pobreza e indigencia.

Si estas tendencias, como parece posible, son el inicio de un proceso de largo plazo de desarrollo económico y social, fortalecimiento de la posición internacional del país y capacidad de los argentinos de consolidar su densidad nacional, los acontecimientos del 2001/02 serán realmente la tercer gran crisis y la apertura de una nueva etapa en el desenvolvimiento de la economía argentina.

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